La Misión es inseparable del discipulado.


La Carta Encíclica Redemptoris Missio del Papa Juan Pablo II, escrita en 1990, en su número 94, pide “una conversión radical de la mentalidad”. En ese tiempo, el Santo Padre anima a la misión de la Iglesia, colocándola aún en sus comienzos y pidiendo un espíritu de apertura a los agentes de pastoral.


Estamos llamados y enviados a ser discípulos, aprendices, no maestros. Discípulo se es ya caminando, no antes. Son cosas que van juntas, al mismo tiempo, ya que la misión es inseparable del discipulado. Es decir, nunca dejaremos de ser discípulos, ya que siempre tendremos algo que aprender, escuchar, algo en que crecer.



El tener espíritu de escucha y ser persona de diálogo es lo más difícil hoy. Hay una gran crisis de individualismo, hay “hambre” de espiritualidad, vivimos una revolución tecnológica y crece el fenómeno de la globalización; son los retos a desafiar.

El ser individualista lleva a la persona a pensar demasiado en sí mismo, a meterse en su problema, a ponerse una coraza y no permitir que el hermano penetre, intente compartir. Pensar que solo se puede solucionar los problemas y que no necesita de nadie valiéndose a si mismo, sin dudas lo lleva a la dispersión y en no pocos casos a la desesperación.

Cuando hablamos de una necesidad espiritual nos referimos a esa reacción que brota del interior a tener “todo ya”. Apurar los tiempos del Señor sin saber descubrir que los tiempos de Dios son distintos al de los hombres. Poner “condiciones” hace que se viva una espiritualidad superficial, abandonando rápido lo comenzado sin concluir nada, fastidiado por no encontrar respuesta “rápida” a los problemas. Es el abandono fatal.


No podemos dejar de reconocer el avance de la tecnología y la ciencia. Sería una fantástica novedad si el hombre supiera usarlas. Con lamento observamos donde nos lleva y cuál es el camino que se sigue aferrados a tanta novedad mediática. Hoy, este avance, se transforma en el peor de los casos en retroceso.

La globalización existe. Se habla sobre si es algo bueno o malo. Saber que existe y convivir con ella, intentando sacar lo mejor ante tanta emigración e inmigración. El poco cuidado del ambiente, el tanta gente yendo y viniendo, la gran movilidad humana vista a diario, las grandes ciudades desbordadas de medios de locomoción y el peligro que conlleva el salir de nuestros ambientes en búsqueda de una vida mejor, hace de nuestro maravilloso mundo, edificado por nuestro Creador, lugar varias veces imposible de disfrutar.

El cuadro de inestabilidad es muy grande. Cierto que el hombre es libre y autónomo. Las cosas creadas están para usarlas: “Todo está permitido, pero no todo es conveniente; todo está permitido, pero no todo es edificante. Que nadie busque su propio interés” ( 1 Cor 10,23-24). Fuera de control, se accede a todo, en todo momento, y se van creando relaciones que no son adecuadas. 

P. Dante De Sanzzi
@ompargentina

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